jueves, 20 de octubre de 2016

LA DRAGONA





Un hombre que ha ido a un local de señoritas de compañía, de esas que fuman y llevan la falda muy corta, está atormentado, desgarrado y experimentando una agonía indescriptible.

Este hombre acudió al local sin buenas intenciones. Antes de entrar a la habitación en la que se supone que le espera una mujer, tenía en mente lo único, lo salvaje, lo carnal. La mujer estaba medio desnuda y mirándose en un espejo, dando la espalda a la puerta por la que el hombre iba a entrar. Al entrar por la puerta, el hombre ve la silueta de la mujer, pero no repara en el rostro que se refleja en el espejo. Algo cambia en la actitud de la mujer, algo le pasa. El hombre, fogoso se abalanza sobre ella rodeándola desde la espalda con un abrazo que encorseta a la mujer. La mujer no cabe dentro de sí, parece un gran dragón que llora fuego, y sin mostrarle la cara al hombre, se tumba en la cama, de espaldas, tan fría como blanco es el tono de su piel. El hombre comienza por tocarle el cabello, olerla… de pronto se detiene. El olor del cabello de una hija no es algo que se olvide fácilmente.

                                  Digresión filosófica de Edward Hopper

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